Recuerdos del IVA ♥

Yo tengo gorros y me gustan, porque sino siento que se me escapan las ideas y por eso los uso. Son todos diferentes. Tengo grandes, chicos, de lana o como gorras.
Un día me había comprado una gorra nueva y me la había estrenado. Yo muy feliz caminaba por la calle y un águila que pasaba, me la arrebató y se la llevo muy lejos. Corrí y corrí, pero no la alcance. Y vi como se alejaba y yo sin poder hacer nada.
Porque soy muy colgado, no me di cuenta hasta una hora después lo que significaba haber perdido mi gorra. Para muchos era un chico más, uno más sin gorra, pero yo sabía que había perdido mi identidad.

Me sentí desarmado, sentía a todo mi cuerpo dividido y en lo único que pensaba era en la gorra, en esa gorra. Hasta que un día después de tanto lamentar, encontré mi gorra, como nido de esa mala águila arrebatadora, hija de puta.
Creo que salté como nunca antes para alcanzarla y lo logré. Era mía de nuevo, me sentí yo nuevamente.

Después de esa gran salto me empezó a doler el pie, porque obvio que después de un súper salto, la caída iba a ser súper dolorosa. Mi pie sentía que agonizaba que se hinchaba y violeta se ponía. No entiendo porque el color violeta, si mi sangre al pie llegaba.

Sentía un gran dolor, tan fuerte que con un Tafirol se solucionó. Para sacarme el sabor a Tafirol de la boca, tomé un vaso de agua y me atraganté y ahogué. En ese momento llegó mi mamá, y me salvo la vida. Mi mamá me regaló un collar e inmediatamente me lo puse. Desde entonces era el chico del gorro y el collar. Después de esto todos mis momentos eran felices, TODO, caminar, comer, insultar y hasta pelear. La gente me llamaba el chico feliz y yo me ponía cada vez mas feliz y de esa forma morí, FELIZ, apoyado en una columna de la Catedral. 

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